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Garotos de Ipanema
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Ipanema es una ciudad famosa por su arquitectura sofisticada, sus hermosas playas y el estilo de vida liberal y alegre de sus habitantes. Todos estos elementos se resaltan en los últimos días del año. Una historia de botecos, zungas y réveillon.

Llegamos con mucha felicidad a pasar el fin de año en Río de Janeiro, la famosa cidade maravilhosa. Lo primero que llama la atención de este lugar son los grandes contrastes: mientras un sector de su población, de unos dos millones de habitantes, vive en el superlujo, la vida rosa, la intelectualidad y las artes, la belleza del paisaje, la “playa, brisa y mar”, como decimos en Colombia, al pie de una metrópoli, está la otra parte de la población, de unos diez millones, dónde ningún turista va; es la ciudad proletaria, pobre y mísera.

Río es una ciudad muy conocida como destino gay mundial desde hace muchos años; recuerdo, por ejemplo, que ya desde los década de los 80 se hablaba de la legendaria discoteca Papagayo (la Papagaio Disco Club), que debido a la gran frecuencia de asistentes gay se conoció popularmente como “Papagay”, mientras que en nuestro villorrio de Cali, Colombia, para consolarnos teníamos la Discoteca 14-54.

Uno de los sectores más conocidos de Río de Janeiro, sino el más, es Ipanema, barrio y playa famosos por la canción de bossa nova “Garota de Ipanema”, compuesta en 1962 por Vinícius de Moraes, y que desde entonces ha sido interpretada por algunos de los más importantes cantantes brasileños y extranjeros: Roberto Carlos, Caetano Veloso, Joao Gilberto, Tom Jobim, Pery Ribeiro, Jarabe de Palo y hasta Madonna.

Olha que coisa mais linda, mais cheia de graça
É o menino que vem e que passa
Num doce balanço caminho do mar.
Moço do corpo dourado, do sol de Ipanema
O seu balançado é mais que um poema
é a coisa mais linda que eu já vi passar.
(Versión libre)

La canción, en femenino, es una oda a la belleza de las muchachas (garotas) de Ipanema, a su gracia y lindura, su dulce y sensual caminar, pero en este barrio hay muchachos (garotos,) que también merecen su homenaje.

Empezamos nuestro recorrido por la playa cercana a la estación del metro, deslumbrados por la belleza de los garotos. El encanto por la belleza de estos hombres con cuerpos musculosos y sensualidad natural. En Río hay un culto al cuerpo masculino y femenino como no lo hay en ningún otro lugar del mundo. Tal vez podría compararse con la Grecia antigua y su escuela de lucha: la palestra.

Ipanema otrora fue sector muy elegante que ha devenido en barrio de clase media. En otras palabras, le ocurrió lo que le ha ocurrido a muchas ciudades no solo de Brasil sino de América Latina: en un primer momento, las personas adineradas construyeron un barrio fastuoso como símbolo de estatus, pero cuando llegaron otras clases sociales, dicha élite emigró en busca del nuevo barrio in, el de moda. Pese a esto, Ipanema es un hermoso sector, con sus edificios al estilo de los años 50 del siglo pasado, con tiendas, cafés, bares y, en especial, esos establecimientos que hay por todo Brasil llamados botecos o botequim, a medio camino entre restaurante y bar.

Ahora vemos algo diferente a lo percibido hace 12 años, fecha de nuestra última visita a Río; se ven personas de escasos recursos y negros en la playa. Preguntamos a un amigo carioca y nos dijo que se llama “efecto Lula”: antes los pobres y lo negros eran mal vistos en las playas lujosas y ellos se abstenían de ir. Nuestro amigo nos explicó que Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de la República entre 2003 y 2010, sacó de la pobreza a 40 millones de personas y de la miseria a un número parecido y los hizo conscientes de sus derechos.

Brasil practica una sutil exclusión de acuerdo con la condición social o racial. Aún hoy, en los edificios de clase media que conocimos, todavía existen dos ascensores: uno para los residentes y el otro para el personal de servicio, y apartamentos minúsculos de dos piezas que tienen entrada principal y del servicio.

Después de los primeros chapuzones, refrescados del calor del verano austral, que en Río llega a 38° C, decidimos avanzar por la playa. Como hacia la mitad vemos flotando un par de banderas del arco iris -Allá es el lugar- me dice mi compañero. -Vamos entonces- respondí.

-No, no puede ser- dijimos- Cientos de varones de cuerpos perfectos y bronceados, los tríceps, los bíceps, los pectorales, abdominales marcados como tabletas de chocolatina, las pantalonetas pequeñas y ajustadas. Un dato: no usan los bermudas, ahora tan comunes en todas partes, que el puritanismo gringo, con sus seriados de y para adolescentes, han impuesto al resto de latinoamericanos. No, ellos utilizan las zungas, pantalonetas de baño como las que usan los deportistas nadadores. Claro ¿de qué otra forma mostrarían esos espléndidos cuerpos?

Una característica: la mayoría se encuentran de pie. De lejos parecía una manada de pingüinos. –Parvada o bandada– me corrige Martín. ¡Desde luego, los pingüinos son pájaros! Son un grupo de hombres parados parloteando animadamente, “mariqueando” como decimos coloquialmente en Colombia, besándose, abrazándose. Se oye el portugués, con el francés, con el ruso, con el alemán, con el español; mejor dicho, una se siente “provinciana” en medio de tanta belleza y cosmopolitismo -¿Ya viste al de la pantaloneta verde azul?- me pregunto Martín. – Sí, naturalmente –le respondí- . La tiene parada. -Sí, así parece-me dijo- pero el de atrás también. –Viéndolo bien muchos la tienen así. -¿qué será?- me pregunto- Debe de ser la emoción de ver tanta belleza junta.

Réveillon

El 31 es el gran día. En los días previos, varias personas nos preguntaron ¿dónde pasarán el réveillon? Así es como se le llama en Brasil a las fiestas de la Nochevieja. Es un ágape no familiar, en el que los amigos se reúnen y van a muchas partes, al campo, a las casas de campo, a otras ciudades, a otras playas, etc.

Para los miles de turistas en Río naturalmente el réveillon debe celebrarse en la playa de Copacabana. La Nochevieja de Copacabana es de las más espectaculares del mundo. Este réveillon congrega a una multitud de personas todos los años para dar la bienvenida al año nuevo (¡entran dos millones de personas a esa playa!). La gente, procedente de todos los estatus sociales, suele vestirse de blanco para la ocasión.

En un primer momento, me negué a asistir a esa playa, por un poco de desconfianza natal: en Colombia dos millones de personas bebiendo y celebrando dejan como resultado mínimo 200 muertos, y yo no quería ir. – Vamos, dejá el miedo-, me decía Martín. Una viejita nos comentó: -Vale la pena asistir; yo he ido unas dos veces y he estado feliz; tranquilícese, no pasará nada.

Aquella mujer me convenció. Propuse que fuéramos primero a Ipanema y luego nos devolviéramos caminando a Copacabana cuando el sol se ocultara, tipo 8 de la noche. La noche llegó y celebramos el réveillon en Copacabana. “¡Viada!” dice un señor al recibir a sus amigos. “Viado”, en Portugués, quiere decir “desviado” o “maricón”; en femenino sería algo así como “maricona”; reímos con disimulo por el apunte, a sabiendas de que ya teníamos una nueva palabra para agregar a nuestro diccionario. La playa de los pingüinos estaba repleta y el champaña espumoso se abría por todas partes; lo sirven en copas tipo flauta, de plástico. El cotorreo fue in crescendo y el licor hizo su efecto por todos lados. Martín intentó convencerme de que nos tomáramos el champaña que llevábamos desde tempranas horas de la noche. Yo, que soy un poco más previsivo que él, lo persuadí de que mejor nos fuéramos a un boteco y tomáramos vino hasta que avanzara la noche, para dejar el champaña para la medianoche. Así lo hicimos y la historia del reveillón en Copacabana será en otro artículo, pero vale la pena mencionar que se nota el sincretismo religioso, destacándose el tributo a Yemayá. La celebración es preciosa y tranquila, los fuegos artificiales son espectaculares, no se ven peleas, balas ni mucho menos muertos. Mejor dicho, los miedos propios de mi tierra se disiparon.

1° de Enero ¿hoy qué hacemos? Después de un desayuno con vino espumoso, costumbre propiciatoria que nos enseñó una amiga que vivió en París y que en Río también practican para tener un buen año, Martín y yo nos “fuimos a rematar” a Ipanema. Pero ¡oh sorpresa!: el sector de los pingüinos está casi vacío, las aves retomaron sus vuelos, ya no se oye el portugués, con el francés, con el ruso, con el alemán, con el español, nada, solo los locales que, aunque son hermosos, ya no está acompañados de la proliferación de cuerpos perfectos. Los que vemos ahora son más “comunes” y un detalle especial: no se ven los miembros erectos debajo de las zungas. -Allá va uno- me dice Martín. Cuando volteo a ver, se escucha una voz burlona de entre los asistentes que grita -¡pacote chileno!- ja, ja nos reímos. Parece que hasta por acá llegaron los famosos paquetes; el tipo se escabulle y nos damos cuenta de que debe ser algún aditamento para simular lo que nos tenía tan antojados. Nos cuentan que existe gran demanda de cirugías plásticas en Brasil. Igualmente vemos tiendas de anabólicos, abiertas día y noche por todos lados. -Sabemos lo que los anabólicos hacen con el paquete.

Ya tenemos nuestra próxima tarea cuando volvamos a Río, un exhaustivo trabajo de campo, verificar si lo que hay debajo de las zungas es de verdad o mentira, y si es verdad que los anabólicos hacen lo que dicen que hacen.

Obrigado por sua atençcao

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